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Factura proforma: qué es, para qué sirve y cómo usarla correctamente

En muchas empresas, la factura proforma se utiliza de forma habitual para adelantar al cliente las condiciones económicas de una operación. Su uso está tan normalizado que, en la práctica, suele percibirse como un documento “inofensivo”, sin impacto real en la contabilidad o en la fiscalidad. Sin embargo, esa aparente simplicidad es precisamente el origen de muchos errores en la gestión financiera diaria.

El principal problema aparece cuando la factura proforma se confunde con una factura real. Esta confusión puede llevar a anticipar ingresos inexistentes, a interpretar erróneamente derechos de cobro o, en los casos más graves, a registrar operaciones que todavía no han nacido desde el punto de vista contable y fiscal. El resultado es una pérdida de fiabilidad de la información financiera y una toma de decisiones basada en datos incompletos o incorrectos.

Desde la perspectiva de un responsable financiero, la cuestión no es si la factura proforma puede utilizarse o no, sino entender con precisión cuál es su naturaleza, qué efectos tiene y, sobre todo, qué efectos no tiene. Solo con ese criterio claro es posible integrarla correctamente en los procesos comerciales sin que interfiera en la contabilidad, el IVA o el control de tesorería.

En este artículo se analiza la factura proforma desde un enfoque técnico y práctico: su encaje normativo, su tratamiento contable y fiscal, los errores más habituales en su uso y su impacto en la gestión financiera de la empresa. El objetivo es aportar claridad y seguridad en un documento que, aunque no es una factura a efectos legales, puede generar consecuencias relevantes si se gestiona de forma incorrecta.

 

El problema real: por qué la factura proforma genera confusión en la empresa

La factura proforma suele incorporarse a los procesos comerciales sin un criterio financiero claro. En muchas organizaciones, especialmente pymes y empresas medianas, se utiliza como un paso intermedio “natural” entre la oferta y la factura definitiva, pero sin delimitar correctamente su función dentro del circuito documental.

El problema aparece cuando este documento informativo se integra, de forma explícita o implícita, en los procesos contables o de control financiero. Esto sucede, por ejemplo, cuando se interpreta la proforma como un compromiso firme de cobro, cuando se archiva junto con facturas reales o cuando se utiliza como referencia para previsiones de ingresos sin un análisis adicional.

La consecuencia es una distorsión de la información financiera. Al no existir todavía un hecho imponible ni un devengo contable, cualquier intento de anticipar ingresos o derechos de cobro basándose en una factura proforma introduce ruido en la contabilidad y en la tesorería. El riesgo no es solo fiscal, sino también de gestión: decisiones sobre liquidez, financiación o pagos a proveedores pueden apoyarse en expectativas que aún no tienen respaldo jurídico ni económico.

La implicación para el responsable financiero es clara: la factura proforma debe tratarse como lo que es, un documento estrictamente comercial y preliminar, ajeno a los registros contables y fiscales. Para evitar errores, es necesario establecer criterios internos que separen con nitidez la información comercial de la información financiera, garantizando que solo los documentos con efectos legales y económicos reales influyan en la contabilidad y en el control de tesorería.

 

Qué es realmente una factura proforma (y qué NO es)

Una factura proforma es un documento de carácter informativo y comercial que una empresa emite para detallar al cliente las condiciones económicas de una operación antes de que esta se formalice de manera definitiva.

Su finalidad es anticipar información, precio, concepto, cantidades, impuestos previstos o condiciones, pero sin generar efectos jurídicos, contables ni fiscales.

Desde el punto de vista financiero, la factura proforma no acredita la realización de una entrega de bienes ni de una prestación de servicios. Tampoco implica la existencia de una obligación de pago exigible ni el nacimiento de un derecho de cobro. Su valor reside exclusivamente en la comunicación previa de una propuesta económica.

Es importante subrayar qué no es una factura proforma para evitar interpretaciones erróneas habituales en la empresa:

No es una factura ordinaria, ya que no documenta una operación realizada ni cumple los requisitos exigidos para ello

No es un documento fiscal, por lo que no sirve como soporte para declarar IVA ni otros impuestos

No es un justificante contable, y no debe registrarse en los libros de la empresa

No equivale a un contrato, aunque pueda utilizarse como base para formalizarlo posteriormente

Conviene también diferenciarla de otros documentos comerciales con los que suele confundirse:

📌 Presupuesto: suele tener un carácter más preliminar y no necesariamente incorpora un formato de factura

📌 Pedido: refleja la aceptación de unas condiciones, pero no sustituye a la factura definitiva

📌 Factura definitiva: documenta una operación ya realizada y sí tiene efectos legales, contables y fiscales

Para un responsable financiero, esta distinción no es meramente formal. Comprender la naturaleza exacta de la factura proforma permite integrarla correctamente en los procesos comerciales sin contaminar la información financiera ni generar expectativas de ingreso que todavía no se han materializado.

 

Marco normativo: qué dice (y qué no dice) la normativa española

A diferencia de la factura ordinaria, la factura proforma no cuenta con una regulación específica en la normativa española. Ni el Reglamento por el que se regulan las obligaciones de facturación (Real Decreto 1619/2012), ni la Ley del IVA (Ley 37/1992) definen o desarrollan este tipo de documento.

Esta ausencia normativa no implica que la factura proforma esté prohibida o carezca de utilidad. Simplemente significa que no es una factura a efectos legales, ya que no cumple la función que la normativa atribuye a la factura: documentar operaciones realizadas y servir de soporte para el cumplimiento de obligaciones tributarias.

El Real Decreto 1619/2012 establece de forma clara qué documentos tienen la consideración de factura y qué requisitos deben cumplir. Entre ellos se encuentran, por ejemplo, la acreditación de una entrega de bienes o prestación de servicios, la numeración correlativa o la obligación de expedir factura en determinados supuestos. La factura proforma queda fuera de este ámbito porque no documenta una operación efectivamente realizada, sino una operación prevista.

Desde un punto de vista práctico, esta falta de regulación tiene varias implicaciones relevantes para la empresa:

🔹 No existe un contenido mínimo obligatorio legalmente exigido

🔹 No está sujeta a reglas de numeración ni conservación fiscal

🔹 No puede utilizarse como justificante ante la Administración tributaria

🔹 No sustituye en ningún caso a la factura definitiva

Para el responsable financiero, este marco normativo exige una lectura prudente. El uso de la factura proforma es legítimo en el ámbito comercial, pero su validez termina ahí. Cualquier intento de atribuirle efectos legales, fiscales o contables supone una interpretación incorrecta de la normativa y puede generar riesgos innecesarios en la gestión financiera y en eventuales procesos de comprobación o inspección.

 

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Impacto contable y fiscal: por qué una factura proforma no se contabiliza

Desde el punto de vista contable y fiscal, la factura proforma no produce ningún efecto registral. La razón es sencilla pero fundamental: este documento no acredita que se haya producido un hecho económico real ni un hecho imponible.

En contabilidad, el registro de una operación exige que exista un hecho económico que cumpla el principio de devengo. Mientras no se haya realizado la entrega del bien o la prestación del servicio, no nace el ingreso, con independencia de que exista una expectativa comercial o un acuerdo previo. La factura proforma, al ser un documento meramente informativo, no cumple este requisito y, por tanto:

✔ No genera ingreso contable

✔ No origina derecho de cobro

✔ No da lugar a ningún asiento contable

✔ No debe figurar en libros ni registros auxiliares

 

En el ámbito fiscal, la lógica es la misma. El IVA se devenga cuando se produce la entrega del bien o la prestación del servicio, o en determinados supuestos cuando se cobra un anticipo. La emisión de una factura proforma, por sí sola, no provoca el devengo del impuesto ni permite su declaración. En consecuencia:

✔ No se repercute IVA

✔ No se declara en autoliquidaciones

✔ No sirve como justificante fiscal ante la Administración

 

Es importante distinguir claramente entre documento informativo y documento fiscal. Solo la factura expedida conforme al Reglamento de facturación, y vinculada a una operación realizada, puede utilizarse como soporte para el registro contable y el cumplimiento de obligaciones tributarias. Confundir ambos planos es uno de los errores más habituales en la operativa diaria.

Para el responsable financiero, esta distinción tiene un impacto directo en la calidad de la información. Registrar, directa o indirectamente, facturas proforma en los sistemas contables introduce datos que no responden a la realidad económica de la empresa, comprometiendo tanto la fiabilidad de los estados financieros como el control del IVA y de la tesorería.

 

Uso correcto de la factura proforma en la operativa empresarial

Cuando se utiliza con criterio, la factura proforma puede ser una herramienta útil dentro del proceso comercial de la empresa. Su valor no está en generar efectos contables o fiscales, sino en facilitar la comunicación previa de las condiciones económicas antes de que la operación se formalice.

Uno de los usos más habituales es servir como documento de referencia para que el cliente conozca el detalle de una operación prevista: importe, conceptos, impuestos aplicables de forma estimada y condiciones generales. Esto resulta especialmente relevante en operaciones complejas, ventas internacionales o servicios personalizados, donde es necesario alinear expectativas antes de avanzar.

La factura proforma también puede emplearse como apoyo en fases previas a otros hitos del proceso comercial, como:

📌 Solicitud de aprobación interna o externa

📌 Negociación de condiciones con el cliente

📌 Tramitación de financiación o subvenciones

📌 Preparación de contratos o pedidos

 

En algunos casos, la proforma se utiliza como paso previo a la emisión de una factura definitiva por anticipo, cuando el cliente realiza un pago antes de la entrega del bien o la prestación del servicio. En este escenario, es importante destacar que el efecto contable y fiscal no lo produce la proforma, sino el cobro del anticipo y la posterior factura que debe emitirse conforme a la normativa.

Desde la perspectiva del responsable financiero, el uso correcto de la factura proforma exige establecer buenas prácticas internas, entre ellas:

🔹 Diferenciar claramente proformas de facturas reales en los sistemas documentales

🔹 Evitar su incorporación a circuitos contables o fiscales

🔹 Utilizarlas solo como soporte informativo o comercial

🔹 Garantizar que siempre exista una factura definitiva cuando la operación se realiza

 

Integrada de este modo, la factura proforma cumple su función sin interferir en la contabilidad, el IVA ni el control de tesorería, y contribuye a una gestión más ordenada y transparente del proceso comercial.

 

Errores frecuentes y riesgos asociados al uso de la factura proforma

El uso inadecuado de la factura proforma no suele deberse a una mala intención, sino a una comprensión incompleta de su alcance. Sin embargo, los efectos de estos errores pueden ser relevantes tanto desde el punto de vista fiscal como desde la gestión financiera.

Uno de los errores más habituales es contabilizar facturas proforma como si fueran facturas reales. Este tratamiento anticipa ingresos que todavía no se han devengado y genera una imagen distorsionada de los resultados de la empresa. En ejercicios con un volumen elevado de proformas, el impacto puede ser significativo y afectar a la fiabilidad de los estados financieros.

Otro riesgo frecuente es anticipar el IVA basándose en la emisión de la proforma. Dado que no existe devengo del impuesto, cualquier repercusión o declaración de IVA en este momento carece de fundamento normativo. Este tipo de prácticas puede derivar en errores en las autoliquidaciones y en ajustes posteriores ante una comprobación administrativa.

También es habitual confundir la factura proforma con un derecho de cobro exigible. Utilizarla como soporte para reclamar pagos o como base para acciones de recobro supone asumir una posición jurídicamente débil, ya que el documento no acredita por sí mismo que la operación se haya realizado ni que exista una obligación de pago vencida.

Desde el punto de vista del control interno, otro error relevante es mezclar proformas y facturas definitivas en los mismos circuitos documentales o sistemas de archivo. Esta falta de separación dificulta la trazabilidad de las operaciones, incrementa el riesgo de duplicidades y complica tanto las revisiones internas como las auditorías externas.

Para el responsable financiero, estos errores tienen una consecuencia común: pérdida de control y aumento del riesgo. Evitarlos no requiere eliminar el uso de la factura proforma, sino integrarla correctamente en los procesos, con reglas claras sobre su emisión, archivo y relación con la factura definitiva.

 

Ejemplo práctico: factura proforma vs factura definitiva

Para entender correctamente el papel de la factura proforma, conviene situarla dentro de una secuencia temporal sencilla, diferenciando qué ocurre en cada fase y qué efectos tiene,o no tiene, cada documento.

Escenario

Una empresa de servicios profesionales acuerda con un cliente la prestación de un servicio por importe de 5.000 € más IVA. Antes de iniciar el trabajo, el cliente solicita un documento con el detalle económico de la operación.

 

Fase 1: emisión de la factura proforma

La empresa emite una factura proforma con el desglose del servicio, el importe y el IVA aplicable de forma estimada.

✔ El documento informa al cliente de las condiciones económicas

✔ No existe todavía prestación del servicio

✔ No se registra ningún ingreso

✔ No se declara IVA

✔ No se genera derecho de cobro exigible

Desde el punto de vista financiero, esta proforma puede servir como referencia comercial, pero no debe incorporarse a la contabilidad ni a los libros fiscales.

 

Fase 2: realización del servicio

La empresa presta efectivamente el servicio acordado.

✔ Se produce el hecho económico

✔ Nace el ingreso por el principio de devengo

✔ Surge la obligación de emitir factura definitiva

Es en este momento cuando la operación adquiere relevancia contable y fiscal, con independencia de que exista una proforma previa.

 

Fase 3: emisión de la factura definitiva

Una vez finalizado el servicio, la empresa emite la factura conforme al Reglamento de facturación.

✔ Se registra el ingreso en contabilidad

✔ Se repercute y declara el IVA correspondiente

✔ Se genera un derecho de cobro frente al cliente

✔ La operación se integra en los sistemas de control financiero

 

Este ejemplo muestra con claridad que la factura proforma no sustituye ni adelanta ninguno de los efectos de la factura definitiva. Su función se limita a la fase previa de información y alineación comercial, mientras que los efectos económicos, contables y fiscales solo nacen cuando la operación se realiza y se documenta correctamente.

 

Relación con el control de tesorería y la previsión de cobros

Uno de los principales riesgos en la gestión financiera diaria es confundir expectativas de cobro con cobros reales o exigibles. La factura proforma se sitúa precisamente en ese punto intermedio: aporta información útil para anticipar escenarios, pero no respalda flujos de caja efectivos.

Desde una perspectiva de tesorería, la factura proforma no genera liquidez ni compromisos firmes de entrada de efectivo. Utilizarla como base directa para planificar pagos, asumir compromisos financieros o evaluar la posición de tesorería puede conducir a decisiones mal fundamentadas, especialmente en empresas con márgenes ajustados o tensiones de liquidez.

Esto no significa que la factura proforma carezca de utilidad en la planificación financiera. Al contrario, bien gestionada puede incorporarse a los procesos de previsión, siempre que se mantenga una separación clara entre:

🔹 Previsiones comerciales (operaciones previstas)

🔹 Derechos de cobro (facturas emitidas conforme a normativa)

🔹 Cobros efectivos (entradas reales de tesorería)

 

Para el responsable financiero, esta diferenciación es clave. La factura proforma puede alimentar escenarios de tesorería futuros, pero no debe mezclarse con saldos reales ni con partidas pendientes de cobro. La calidad de la información financiera depende de que cada documento se utilice en el nivel adecuado del proceso.

Una gestión rigurosa exige, por tanto, sistemas y criterios que permitan identificar qué importes son meramente estimativos y cuáles tienen respaldo económico y jurídico. Solo así la previsión de tesorería se convierte en una herramienta fiable para la toma de decisiones, evitando tensiones de liquidez basadas en ingresos que todavía no existen.

 

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La correcta gestión de documentos como la factura proforma no puede desligarse de un reto más amplio: el control real de la tesorería y de la información financiera. Cuando los datos bancarios, los documentos de soporte y los registros financieros se gestionan de forma fragmentada, el riesgo no está solo en el error puntual, sino en la falta de visibilidad global.

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Desde una perspectiva práctica, la digitalización de la tesorería permite a las empresas:

📌 Centralizar la información bancaria en un único entorno

📌 Acceder a saldos y movimientos bancarios de forma automatizada

📌 Facilitar la conciliación entre movimientos bancarios y registros internos

📌 Disponer de una visión más clara de la posición de tesorería

📌 Reducir errores derivados de procesos manuales y dispersos

Este tipo de herramientas resulta especialmente útil para diferenciar con claridad expectativas de cobro, de derechos de cobro reales y movimientos de caja efectivos, algo esencial para una previsión de tesorería fiable y una toma de decisiones financiera sólida.

La digitalización financiera no convierte una proforma en una factura ni altera su naturaleza, pero sí ayuda a que cada documento y cada dato se utilicen en el lugar correcto del proceso, reforzando el control interno y la calidad de la información.

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